He sido testigo de la transición, del golpe de Tejero, de la entrada de España en la comunidad europea, de la institucionalización del terrorismo de estado y de otros acontecimientos que han hecho historia, pero hasta hoy nunca he tenido una sensación tan clara de estar viviendo un momento histórico.

Es la gente de la calle la que está haciendo esto. Con lo que tiene a mano, con lo que sabe hacer y lo que puede aportar cada uno. Sin intermediarios. Sin representantes. No hay banderas ni siglas de organizaciones, partidos o sindicatos. Los políticos ni siquiera entienden lo que está pasando, no se atreven a dar un paso en falso que les pueda fastidiar los resultados de las elecciones.
La Puerta del Sol en Madrid y la Plaza de Cataluña en Barcelona están absolutamente colapsadas de gente hasta el punto de casi no poder dar un paso. Pero tambien en ciudades de todo el país e incluso en el extranjero. Son ciudadanos que están hartos de abusos y quieren un cambio real. Sin embargo, a pesar de la masificación y la falta de espacio todo se desarrolla de forma muy pacífica y muy sociable.
A las 00:00 horas del sábado 21 de mayo, cuando suenan las campanadas de la desobediencia civil y decenas de miles de ciudadanos de todo el país, sino centenares, se convierten en
ilegales por convicción, en insumisos, los canales de televisión estatales están dando películas, reality shows y las mismas tonterías de siempre, como si no estuviera sucediendo absolutamente nada. No hay noticia. No vaya a ser que los que todavía no saben lo que está sucediendo se enteren y decidan también salir a la calle a ejercer sus derechos civiles de la forma más natural y legítima que existe.
Algunos de los canales privados que sí hablan de la noticia lo hacen con un sesgo tan descaradamente manipulador a favor de aquellos que les financian y a quienes sirven, y con una falta de entendimiento tan torpe que llegan a caer en la pantomima histriónica.
Los canales de información establecidos no cumplen su función, sirven a sus amos, pero no informan. Sin embargo la gente que se manifiesta en la plaza pública, los 'indignados', como les llaman aquellos que buscan una etiqueta que ponerles - y no la encuentran - han conseguido retransmitir su protesta en directo a través de wi-fi por Internet, haciendo realidad aquella frase que afirma que
"la revolución no será televisada".

Mientras que en los canales de la TDT no sucede aparentemente nada diferente a cualquier otro día, los ciudadanos son testigos en persona y a través de Internet de cómo las plazas publicas de todo el país se llenan de ciudadanos haciendo valer sus derechos civiles de reunión pacífica y libertad de expresión, a pesar de las amenazas y las coacciones de algunas instituciones oficiales, en un exceso claro de sus atribuciones.
Es la gente.
"El pueblo" resulta un término demasiado sobado por el discurso de los partidos políticos como para tener significado hoy. La protagonista de esta expresión de libertad es
"la gente". Es la propia gente quien anónimamente se espabila por sí misma para organizarse y proveerse de forma colectiva de aquello que necesita para lanzar su mensaje de hartazgo y de indignación al mundo, y el espectáculo es impresionante.
El ejemplo a seguir es Islandia, y el espíritu es el de la plaza Tahrir, en Egipto.
La gente se organiza a través de asambleas, de forma horizontal, en un ejercicio de 'democracia directa' excepcional, y cada uno hace lo que puede aportando su granito de arena para difundir el mensaje.
El siglo XX por fin ha terminado. La sociedad civil del sXXI se organiza en forma de red y rechaza las estructuras jerarquizadas que de pronto se han quedado obsoletas y ya no son capaces de cumplir su misión.La comunicación es intensa, muy intensa, muy rápida y multidireccional.
"Peer to Peer". Entre iguales. Es un caos organizado que cristaliza y se estructura espontáneamente, pero de forma cada vez más efectiva, más eficaz.
Ser testigo de un acontecimiento así, es verdaderamente impresionante.
Es Mayo, ha salido el Sol.